domingo 3 de octubre de 2010

La ética de la investigación

A veces parece que en este mundo de continuo cambio en el que vivimos el progreso científico y el desarrollo de la investigación es algo natural, que evoluciona al mismo ritmo con que lo hacen las sociedades postmodernas de forma neutral y sin conflictos reseñables. Evidentemente, esto nunca es así, y muy pocas veces nos cuestionamos sobre los costes éticos y morales de la investigación y del avance de nuestra sociedad. Es cierto que los activistas pro derechos de los animales muchas veces señalan estas cosas, cuando se advierte el sufrimiento y la tortura sistemática que tienen que pasar los animales para descubrir un nuevo fármaco o calibrar una nueva vacuna.

De todas maneras, el caso destapado ayer en la prensa supera todos los límites de lo imaginable. Como podemos leer en 20 minutos, por primera vez en la historia Estados Unidos ha tenido que pedir perdón a Guatemala por sus investigaciones en el campo de la sífilis hace más de 65 años. Resulta que el país de la libertad aprovechó durante la década de los 40 para infectar a más de 700 guatemaltecos con la enfermedad, la mayoría presos y pacientes mentales, y comprobar si la penicilina era efectiva en el tratamiento de la misma en los primeros momentos de la infección.

El caso sale a la luz ahora gracias a una investigadora, Susan Reverby, de la Universidad de Wellesley, y ha obligado al gobierno de Obama a pedir perdón públicamente por estas atrocidades. Pero lo que realmente inquieta no es este caso aislado, sino pensar cuanta gente ha sido sacrificada en aras de la investigación y el avance de la ciencia. Y es que parece ser que es mu fácil utilizar a mendigos, prostitutas o demás sectores desprotegidos de la población, pues después los abusos difícilmente puedas desvelarse al ser personas que viven completamente aisladas y sin garantías de ninguna protección social.

Como también se señala en la noticia, este caso guarda relación con el famoso caso "Tuskegee", en el que las autoridades sanitarias estadounidenses observaron la progresión de la sífilis en 400 "pacientes" pobres del estado de Alabama a los que se decía que se iba a tratar la enfermedad, en una investigación que duró cerca de 40 años, entre los años 30 y los 70. En todo caso, es un relato estremecedor que hace cuestionarse hasta que límites es capaz de llegar la humanidad en aras de eso que llamamos, todavía hoy, el progreso de la civilización

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