domingo 29 de agosto de 2010

El peligro de llamarse Kevin

Iba a poner otro nombre a esta entrada pero dado que el título de El Mundo era tan acertado he pensado que para qué cambiarlo, si de todas maneras se iba a saber de donde había sacado la idea. Volviendo al tema, en el citado artículo del enlace de más arriba se expone un estudio muy interesante que se ha llevado a cabo en Alemania, y que demuestra que el hecho de tener un nombre u otro puede tener influencia para las calificaciones que obtengamos.

En este sentido, mediante un experimento en el que se mandaba a distintos profesores el mismo examen, pero bajo nombres distintos, se demostró que unos apelativos obtenían mejor puntuación que otros. Concretamente, los nombres de clase alta como Jakob obtenían mayor puntos por el mismo examen que los nombres de clase baja como Kevin. Según los investigadores esto sólo ocurría, en su experimento, con los nombres masculinos, mientras que en los femeninos no pudieron constatar diferencias. Las dos razones esgrimidas para esto es que los chicos se asocian más con la inquietud y la desobediencia y que es más difícil constatar la pertenencia de clase de los nombres femeninos.

De todas formas, y a pesar de la cautela con la que se presenta este estudio, si proporciona sin embargo unas buenas pautas para reflexionar sobre los estereotipos y los prejuicios que utilizamos constantemente en la interacción social. En España, seguramente sería muy difícil atribuir clase social a nombres como José o Manuel, pero sin embargo el apellido sí es un elemento determinante, y otorga mucho más estatus apellidarse Gil de Biedma que Gómez.

Además, si incluimos aquí los nombres de procedencia extranjera, que cada vez son más frecuentes debido a la inmigración, tendremos un ejemplo mucho más claro de discriminación cultural. Hace años se hizo un estudio en Francia que constataba que con el mismo currículum siempre se contrataba a personas con nombres "franceses" en detrimento de personas con nombre "árabe", y los casos de exclusión y marginación no son algo anecdótico.

Y es que el nombre es una de las partes más importantes de nuestra identidad, que nos permite referirnos a nosotros mismos en relación con los otros, en base a un mecanismo de reciprocidad y de reconocimiento mutuo. Así, si algunos nombres están estigmatizados de partida, será mucho más difícil desprenderse de los estereotipos asociados a ellos para descubrir que no son más que letras unidas de forma más o menos arbitraria.

1 comentarios:

  1. Dímelo a mí, que a cada oferta de trabajo que echo el currículum debo especificar que tengo DNI y que nací en Valencia, si no, es muy posible que no te llamen ni para una entrevista de trabajo.

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