A pesar de que en el mundo en el que vivimos es difícil encontrar algo interesante que leer en la prensa, de vez en cuando sale alguna noticia que merece la pena, como este artículo de Público, en el que se da una visión crítica del desarrollo de la psiquiatría y la "patologización" (menudo palabro) de la sociedad. Lo que se cuenta es como el número de enfermedades mentales descubiertas o "inventadas" por los psiquiatras no ha hecho más que crecer durante el siglo XX, como parte de una ofensiva para mantener a la población medicalizada y en base a un acuerdo entre las empresas farmacéuticas y la ciencia de la psiquiatría.
Como se afirma, el problema es que "los umbrales para diagnosticar un trastorno mental son cada vez menos exigentes", y por tanto eso que se llama normalidad se reduce tanto que se convierte en un ideal inalcanzable. La cuestión no es tanto preguntarse sobre si existe la normalidad como tal, lo que conduciría a una reflexión filosófica de profundo calado, sino de mostrar como cada vez más personas, por el simple hecho de ser diferentes al ideal socialmente establecido de individuo, caen en el espectro de la patología. Todo ello con beneficios a las farmacéuticas encargadas de medicalizar a estos "desviados" y obtener grandes beneficios a su costa. Utilizando una frase del propio artículo, se consigue que "la piscina de la normalidad se reduzca a un simple charco".
Como se afirma, el problema es que "los umbrales para diagnosticar un trastorno mental son cada vez menos exigentes", y por tanto eso que se llama normalidad se reduce tanto que se convierte en un ideal inalcanzable. La cuestión no es tanto preguntarse sobre si existe la normalidad como tal, lo que conduciría a una reflexión filosófica de profundo calado, sino de mostrar como cada vez más personas, por el simple hecho de ser diferentes al ideal socialmente establecido de individuo, caen en el espectro de la patología. Todo ello con beneficios a las farmacéuticas encargadas de medicalizar a estos "desviados" y obtener grandes beneficios a su costa. Utilizando una frase del propio artículo, se consigue que "la piscina de la normalidad se reduzca a un simple charco".
Si a esto le unimos el rechazo que provoca sentirse diferente y no ser aceptado por la sociedad, tendremos un ciclo de retroalimentación que bebe de la estigmatización del individuo y su tratamiento médico como sujeto individual, como un cuerpo al servicio de la disciplina científica, para usar un razonamiento al estilo de Foucault. Más aún, como concluye un psiquiatra entrevistado por el periódico, "el aumento de los diagnósticos y de la medicalización provoca que se reste atención a analizar por qué la gente parece trastornos mentales". O lo que es lo mismo, nos preocupamos mucho por drogar y tratar a estos nuevos "enfermos mentales" pero muy poco por encontrar las causas de su "enfermedad". Esto conduce, sobre todo, a una individualización de la patología y a pasar por alto las causas sociales de la misma, que a veces son tremendamente relevantes.
En fin, que el mundo en que vivimos no nos deja escapatoria, y cada vez más desviaciones del comportamiento normal son tachadas de enfermizas y sometidas a las fauces de la industria farmacéutica. La hipersexualidad, el desorden de excitación en las mujeres o la ansiedad social son algunos ejemplos de estas nuevas enfermedades mentales inculcadas por una industria que obtiene grandes beneficios. Al menos es interesante leer de vez en cuando algún artículo en este sentido y donde los propios psiquiatras critican la situación de su disciplina.
En fin, que el mundo en que vivimos no nos deja escapatoria, y cada vez más desviaciones del comportamiento normal son tachadas de enfermizas y sometidas a las fauces de la industria farmacéutica. La hipersexualidad, el desorden de excitación en las mujeres o la ansiedad social son algunos ejemplos de estas nuevas enfermedades mentales inculcadas por una industria que obtiene grandes beneficios. Al menos es interesante leer de vez en cuando algún artículo en este sentido y donde los propios psiquiatras critican la situación de su disciplina.
Foto de Constantia

















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